Gobierno protege la economía y mantiene sin cambios los combustibles
El Estado dominicano ha destinado cerca de RD$25,000 millones con el objetivo de sostener la estabilidad del mercado interno de combustibles en un contexto de alta volatilidad internacional y márgenes de refinación persistentemente elevados.
El comportamiento reciente del crudo West Texas Intermediate (WTI) refleja una media de US$81.24 entre el jueves y el miércoles de esta semana, tras haber partido en semanas previas desde niveles cercanos a los US$65. Sin embargo, autoridades técnicas advierten que existe una confusión recurrente entre el precio del petróleo crudo y el costo final de los combustibles procesados.
En el caso dominicano, el país no importa petróleo en estado bruto para refinación local, sino derivados ya procesados como gasolina, diésel y gas licuado de petróleo (GLP). Estos productos incorporan márgenes de refinación internacionales que no necesariamente siguen la misma trayectoria del crudo, lo que genera presiones estructurales sobre el precio final.
Datos del 17 de junio de 2026 muestran que, aunque el WTI se ubicó en US$76.79, la gasolina refinada alcanzó los US$120.78 por barril, ampliando su margen de refinación a US$43.99. Este diferencial explica por qué los ajustes del crudo no se trasladan de forma automática al consumidor final.
El caso del gasoil resulta aún más sensible para la economía productiva. En la misma fecha, el margen de refinación llegó a US$57.28 por barril, equivalente a aproximadamente el 75% del valor del crudo. Este comportamiento confirma que el principal componente de costo no es el petróleo base, sino el proceso industrial de transformación en combustibles utilizables.
En este contexto, el Gobierno sostiene que la política de estabilización de precios cumple una función de amortiguador macroeconómico, particularmente relevante para el transporte, la industria y la cadena logística. La previsibilidad en los costos energéticos se considera clave para la planificación empresarial y la continuidad de la inversión.
Desde la perspectiva fiscal, la congelación de precios se interpreta como un mecanismo de absorción de choques externos. En semanas recientes, cuando los márgenes de refinación exigían traslados inmediatos al mercado, el Estado asumió pérdidas de decenas de dólares por barril con el objetivo de proteger el poder adquisitivo de la población y evitar un impacto inflacionario más profundo.
El escenario actual refuerza la tesis oficial de que la estabilidad en los combustibles no responde únicamente a la dinámica del crudo, sino a un esquema integral de subsidio y amortiguación frente a la incertidumbre del mercado energético global.


